domingo, 30 de noviembre de 2008

6-Fragmentos de Hipso-Conciencia





Anexo y advertencia:

Los textos que siguen pertenecen al filósofo chileno Darío Salas Sommer- fundador del Instituto Filosófico Hermético; como toda opinión, roza tangencialmente a la Verdad; sin embargo por la claridad de exposición me han parecido rescatables.

Sin duda alguna se basan en lo expresado por G.I. Gurdjieff a principios del siglo XX y los he puesto aquí porque a mi juicio pueden ser una pieza fundamental para entender el fenómeno sectario, sus orígenes, métodos y procedimientos.

Debo advertir, que lo anterior no significa que el Editor avale o recomiende en modo alguno al señor Salas Sommer o a su escuela.

Como suele suceder con este tipo de entidades, una cosa es el hombre, su pensamiento y experiencia espiritual y la otra la organización y sus resultados.

6-Fragmentos de Hipso-conciencia

Hipso: elevación

“Condensaremos brevemente algunas ideas que constituyen la estructura central de la Hipso-conciencia y que es conveniente tenerlas presentes para el mejor aprovechamiento del método.

El ser humano tiene dos estados fundamentales de conciencia: la vigilia y el sueño. Tal como existen diversos grados de profundidad en el sueño, existen también estratos de profundidad vigílica. El estado habitual del ser humano es de una baja profundidad vigílica. De este modo, existen grados de alto nivel consciente y de bajo nivel consciente. El más bajo nivel es el estado de sueño profundo, y el más alto es el que resulta de un aprendizaje superconsciente. Usualmente, a pesar de estar despierto, el individuo tiene en su psiquis una alta dosis de estado onírico que interfiere con su función intelectual impidiéndole una correcta apreciación de la realidad.

Así, el pensamiento diurno es una especie de soñar despierto, de lo cual no se da cuenta el individuo. De este modo, el ser humano es por naturaleza e insuficiencia evolutiva, un animal inteligente pero hipo-consciente en relación a sus posibilidades latentes. La Hipso-conciencia procura, por medio de diversos ejercicios, elevar el nivel consciente del individuo, lo cual le permite alcanzar dominio de sí mismo, equilibrio, estabilidad, calma y un estado intelectual superior. En suma, introduce a la persona en un nuevo estado de conciencia, más elevado, humano y real.

En su condición habitual, el ser humano no existe en realidad como individuo, sino como “anti-individuo”. El “anti-individuo” es el hombre incapaz de autodeterminarse; es solamente una proyección, sin vida propia del grupo social. Este hombre no tiene un Yo; sólo un “nosotros”. El yo es aquello que le es propio al individuo; el “nosotros” es todo lo que no le es propio. El “nosotros” es una estructura implantada por la fuerza; el Yo es una formación nacida de la propia determinación y alimentada por el aprendizaje reflexivo consciente.

La Hipso-conciencia forma el Yo y lo lleva hacia una completa maduración. Solamente la persona que tiene un Yo crecido, maduro, y adulto, puede decir con toda propiedad: “Yo soy un ser humano”. Este individuo logra autodeterminarse y liberarse del comportamiento irracional y puramente emotivo de las muchedumbres, con lo cual alcanza una verdadera realización como INDIVIDUO HUMANO CONSCIENTE E INTELIGENTE.”

“Técnicas de Hipso-conciencia para el éxito personal”, John Baines -págs. 169-170, Auyantepuy Editores, 1987.

----------------------------------------
“CONSIDERACIONES GENERALES

Como hemos visto, el tema central de esta obra es la conciencia, naturaleza fundamental de nuestra vida psíquica. El significado que le damos a la palabra “conciencia” no se refiere al conocimiento del bien y el mal y difiere de su acepción psicológica. La usamos en general como significativa de “estar consciente”, es decir de un alto nivel consciente.

Hemos dicho que existen muchos grados de conciencia, desde el sueño profundo a la vigilia extrema. No existe inconsciencia o conciencia, más sí, un alto o bajo nivel consciente. Un alto nivel consciente podría estimarse como sinónimo de estar despierto. Mas, el problema no es tan simple, ya que pretendemos entronizar la conciencia como la cualidad máxima del ser humano, como el factor precisamente delimitador de su calidad hominal y esencialmente diferenciador, de hombre y animal.

Debido a esto la definición anterior no sería suficiente, ya que posiblemente muchos animales están ordinariamente más despiertos que el ser humano, y serían por lo tanto más conscientes que éste. En realidad debemos establecer una separación entre lo que significa “alto nivel vigílico” y “alto nivel consciente”, diferencia que no consideramos anteriormente para no dificultar la comprensión de mecanismos de por sí complejos.

“Alto nivel vigílico” significa estar muy despierto; muchísimo más que de ordinario. “Alto nivel consciente” quiere decir haber logrado la formación de un yo adulto, maduro y considerablemente desarrollado. Podría darse el caso de un idiota despierto, pero sería imposible que un individuo de “un alto nivel consciente” no fuera inteligente y despierto.

Pretendemos con esto dar una nueva dimensión psicológica al ser humano, basándonos en el hecho más significativo de su existencia psíquica, y que es el fenómeno de estar despierto sólo a medias.

Tal vez sea menester olvidarse un poco de complicadas y obsoletas teorías que dan vueltas y revueltas en torno al problema del individuo, sin penetrar en su núcleo central que es el Yo, fundamento necesario e inamovible de la condición humana, y del interrogante, ¿qué es el individuo?

Es necesario dar un nuevo significado a la inteligencia, que comprenda y describa en una forma más profunda, total y exacta esta preciosa facultad. En su estricta significación sólo podríamos llamar “humanamente inteligente” a quien poseyera un alto nivel consciente. La inteligencia del hombre es relativa y variable si éste no tiene un Yo maduro. En realidad la conciencia es la única cualidad auténticamente humana de la cual carece totalmente el animal. Mientras más consciente (alto nivel consciente), sea un individuo, más distanciado se encuentra del animal; mientras menos consciente, está más cercano al animal. Así, un hombre puede ser muy inteligente (en su sentido vulgar), pero poco humano, es decir, poco consciente.

Para la obtención de un alto nivel consciente es indispensable alcanzar primero una elevada condición vigílica, ya que ésta permite expulsar la condición onírica de la psiquis, y realizar de este modo un aprendizaje reflexivo consciente, que es el construye el Yo. Debido a esto, la persona muy inteligente, pero onírica, no logra jamás obtener un alto nivel consciente, a no ser que consiga primero despertar plenamente. Este despertar reviste grandes dificultades, ya que las facultades corrientes del hombre no le sirven para esto, y debe en cambio recurrir a fortalecer esa pequeña parte abrumada por lo onírico, que es el Yo psicológico. Si este Yo es demasiado débil o pequeño, lo cual depende de innumerables circunstancias que no es del caso analizar, es posible que el individuo no logre, jamás desprenderse del sueño, a no ser que realice un considerable esfuerzo para ello.

Los ejercicios de Hipso-conciencia van destinados a promover el despertar de la persona y el subsecuente desarrollo del Yo.

Es necesario insistir en las dificultades de comprensión que entraña el problema de la conciencia y del Yo, ya que para poder penetrar su hondo significado es indispensable un nivel mínimo de conciencia, del que generalmente carecen las personas, por cultas e inteligentes que aparenten ser. Los fenómenos relativos a la conciencia son asequibles solamente a la propia experiencia, debiendo el sujeto alcanzar primero un estado de vigilia superior para analizarlos y estudiarlos detenidamente. Esto resulta fácil de entender, puesto que como ya sabemos, no se puede pedir una gran comprensión a quien no se ha desprendido de la condición onírica.

Así, la comprobación tangible del alto nivel consciente solamente es posible por medio de la experiencia directa.

Es indispensable entender que la adquisición de un elevado grado de conciencia resulta un deber ineludible del ser humano, por ser éste el atributo máximo de su condición humana. El hecho de ser humano involucra contraer ciertas responsabilidades irrenunciables, pues el hacerlo significaría perder en cierta medida la hominalidad. Este es, sin duda alguna, el caso de la conciencia.

Muchas personas se conforman con ser solamente animales inteligentes, y no les importa vivir inconscientes e ignorantes del sentido de la vida, pero todo individuo que sea capaz de pensar en forma objetiva y real reconocerá la importancia de que el hombre se torne más humano.

Desafortunadamente, la organización social conspira abiertamente para mantener al individuo limitado a los estados de sueño. Hoy, en todo el mundo, se aplaude aquello que favorece el sueño, y se reprueba lo que hace despertar.

Somos una raza de dioses dormidos, que nos comportamos como animales.

Muchos mecanismos naturales de la organización humana favorecen diversas necesidades del individuo, pero a costa de su conciencia. Todo aquello que enclaustra al hombre dentro de dogmas rígidos es hipnótico.

Los estudios no digeridos o mal dispuestos, los innumerables credos religiosos y políticos, el exceso de cultura consumista, los desbordes publicitarios, y la superficialidad analítica limitan las posibilidades de la mente, estratificando la inteligencia creadora, e impulsando al individuo hacia un comportamiento inconsciente.

Ni por un instante, los estudiantes universitarios se atreverían a dudar de lo que se les enseña en la facultad o a ponerlo en tela de juicio, y esto es sensible, ya que todo verdadero conocimiento comienza con la duda. El estudiante se limita, por lo general, a memorizar conceptos antes que a comprenderlos. Aún más, su estado de sugestibilidad con respecto a sus maestros es tan fuerte, que acepta con frecuencia, en forma tácita, los modos personales de adaptación de éstos. De ordinario, muchos profesionales egresan de la universidad convertidos en “tipos estándar” dentro de su especialidad, con mentes y personalidades similares, a no ser que haya existido previamente en ellos un auténtico entendimiento del conocimiento adquirido. En realidad, el conocimiento sin comprensión es un lastre y una valla para la formación de un Yo superior, estable y maduro.

Toda agrupación integrada como muchedumbre psicológica puede anular la conducta racional individual de sus integrantes, para sustituirla por un comportamiento puramente emotivo e impulsivo. Lógica, razón y buen juicio pueden se reemplazados por fanatismo, prejuicios, creencias supersticiosas y estados sugestivos.

Considerando al individuo aisladamente, éste se encuentra expuesto, muchas veces a conducirse irracionalmente, impulsado por la autoestima de un yo débil, irreflexivo e inconsciente. El orgullo y la vanidad limitan así la inteligencia, al situar al sujeto en una postura egoísta.

El joven rebelde busca inconscientemente su liberación de la multitud para existir como individuo, pero por desgracia no lo hace en forma inteligente. Así, adopta una actitud de oposición a las costumbres y a las normas preestablecidas, con lo cual consigue en cierto modo afirmar sus individualidades en un mundo de “anti-individuos”. ¿Qué otra defensa le queda? ¿Qué puede hacer una persona para no desaparecer absorbida por el vórtice del ente social? Es posible que aquel joven que lucha contra la corriente esté más despierto que otros de ideas tradicionales, ya que por lo menos se da cuenta de la necesidad de afirmar su individualidad.

El sujeto sin remedio es el que, estando dormido se siente dichoso y se resiste a aceptar la mera posibilidad de un estado de vigilia desconocido. Desgraciadamente hay muchas personas de esta índole, con sus mentes porfiadamente cerradas a todo lo que amenace turbar su profundo sueño. Por cierto, a nadie le agrada que lo despierten imprevistamente para obligarlo a meditar. La muchedumbre, en forma instintiva reacciona contrariamente a todo lo que signifique un trabajo de elaboración intelectual reflexiva, y prefiere asumir las normas de conducta prefabricadas por los líderes.

La historia de la humanidad está repleta de ejemplos de la lucha cruenta entre el oscurantismo y el conocimiento. El fanatismo y la intolerancia han sido, son, y serán, los peores enemigos del progreso humano. Empero, en todas las épocas han existido individuos de mentes despiertas que han aspirado a una mayor comprensión de sí mismos, y que guiados por este ideal han llegado a convertirse en verdaderos individuos humanos, conscientes e inteligentes.”

“Técnicas de Hipso-Conciencia para el éxito personal”, John Baines -págs.173 a la 177, Auyantepuy Editores, 1987.

Entradas populares última semana